No le voy a castigar comiendo verdura, que no está gordo

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Cuando una persona acude a consulta para mejorar su alimentación o bajar de peso (no me refiero ahora al tratamiento nutricional de algunas patologías, alergias , intolerancias , etc) o, sobre todo, en el caso de que el paciente sea un niño o adolescente que viene con sus padres, se observan comportamientos “diferenciadores” entre las personas que viven en casa separando lo que deben hacer aquellos que presentan obesidad o sobrepeso de los que se encuentran en una situación de normopeso. Y sólo fijándose en ese dato.

Primero, debemos recordar que encontrarse en un estado de normopeso no significa que se goce de buena salud. Ni mucho menos que la alimentación sea la adecuada.

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No se me puede ocurrir mejor ejemplo. Con todo el cariño 😉

Se puede tener una talla 38 comiendo fatal. Y un hígado graso (que me importa bastante más) con un estado de normopeso. Deberíamos empezar a cambiar el chip y pensar que el peso de forma aislada es indicativo de muy poco.

Si queréis ampliar un poco el tema, podéis leer a este post de Sara Garcés. Y de paso podéis echar un ojo al blog en general que está genial 😉 (editado 03/03/2017 a las 20.40)

Segundo, incrementar el consumo de verduras y frutas y reducir el de bollería y dulces no hace mal a nadie (salvo alguna patología específica). Que en la despensa o nevera las opciones que estén a la vista sean saludables no va a provocar ningún problema y va a mejorar la alimentación de toda la familia.

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Fuente foto aquí

Por el contrario, dividir a los hijos (u otros miembros de la familia) en “gordos” y “delgados” (y mira que no me gustan nada esos adjetivos para el blog) sí puede tener sus consecuencias.  Y de esto os puede contar muchísimo más cualquier psicólogo que yo. Pero se nota en consulta. Cuando agachan la cabeza ante algún comentario de un familiar, cuando se sienten apartados, cuando no se ven como parte del todo porque si tienen un sobrepeso son los que tienen que comer distinto. Y no es así.

Cambiemos el chip. Cuidemos la alimentación de toda la familia, presente o no sobrepeso u obesidad. Además, es bastante común que en casi todas las familias, se sientan a la mesa personas con diabetes, hipercolesterolemia, hipertensión y demás patologías, ¿en serio no se va a beneficiar toda la familia por una alimentación más saludable?

Recordemos que…

  • Que no exista un armario de las chucherías no es castigar a los niños
  • Que almuercen y/o merienden fruta no es castigar a los niños
  • Que siempre haya presencia de verdura en la mesa no es castigar a los niños
  • Animarles a realizar actividad física (y acompañarles, dar ejemplo) no es castigar a los niños

Y así con miles de opciones (aumentar el consumo de legumbre, disminuir el consumo de embutidos y derivados cárnicos, que la bebida de elección sea el agua, evitar la presencia de refrescos en casa, etc).

Además, es necesario señalar que si de verdad quieres que tu familiar mejore su alimentación, siempre va a ser mucho más fácil cuando la opción que hay en casa, la que consumen todos, es la saludable. Y eso sí que es ayudar a quien está en tratamiento. (Acerca de este tema podéis leer más aquí).

Así que… ¿y si probamos y mejoramos todos? 😉

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Familiares y amigos: no corrompáis

critica.jpgLlevo un tiempo sin escribir ninguna entrada como tal (falta de tiempo, mea culpa 😓 ) y la próxima que tenía preparada (al menos en mente) no tenía nada que ver con lo que hoy voy a tratar, pero es lo que veo en consulta lo que me hace ponerme a darle a la tecla.

Creo que ya he dicho en alguna entrada anterior que este blog está destinado a pacientes más que a compañeros de profesión (aún estamos un poco verdes para eso 😝), pero este post va destinado a los familiares, amigos, compañeros de trabajo o al entorno de aquellos pacientes que siguen un tratamiento o pautas nutricionales.

Lo veo con mayor frecuencia en obesidad, pero también se puede encontrar en otras patologías (sí, la obesidad es un patología, como la diabetes, aunque nos parezca menos grave. En serio, no lo es).

Se trata de la la doble moral con la que tratamos a una persona cuando tiene que cuidar su alimentación o llevar unas pautas específicas.

¿QUÉ COMO ACTÚA ESTA DOBLE MORAL?

(A partir de este punto me voy a centrar en la obesidad ya que es dónde más frecuente veo este comportamiento)

PARTE 1: ESTAS GORDO

Con mayor o menor frecuencia (mayor casi siempre), el entorno de una persona con obesidad siente un impulso irrefrenable de comunicarle su exceso de peso.

Primero nos deberíamos plantear si es necesaria esta comunicación, sobre todo cuando no se pide opinión. Y segundo, hay que ver las formas. Frases como “no te pongas esos pantalones que te hacen gordo” a lo mejor no es la forma más sutil de comunicar a una persona que tiene un exceso de peso. Y menos si se repiten a diario.

PARTE 2: COME MÁS 

Después está la otra parte: el cebamiento.

Cuando hay una comida fuera, o un cumpleaños, o hay partido, o vermut, o el niño ha sacado buenas notas (This is Spain 🇪🇸, todo se celebra comiendo o bebiendo) y se repite como un mantra al paciente:

  • Come de esto
  • Tienes que probar esto
  • ¿Ya no quieres más?

Y mi preferida: “POR UN DÍA NO PASA NADA”

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Pues sí, a veces pasa. No por la ingesta de ese día en sí (si llevas una pautas adecuadas y tienes unos hábitos saludables, evidentemente lo que comas 1 día no va a condicionar tu salud). Pero debemos de pensar que a veces con el “POR UN DÍA NO PASA NADA” se abre la veda a echar por tierra algunos hábitos.

En ocasiones es difícil de comprender, pero en patologías como la obesidad, sobre todo al inicio del tratamiento dietético o de cambio de hábitos, un día de “POR HOY NO PASA NADA” puede condicionar el comportamiento alimentario del resto.

Y es que después de una ingesta que el paciente cree que no debería haber realizado de esa manera, viene el sentimiento de culpa, el mandarlo todo a la mierda, o el no verse capaz…O puede que no, que todo siga igual, pero por eso debe ser el propio paciente el que tome la decisión, sin sentirse condicionado o presionado.

libertad de decision

 

Así que, por favor, no corrompáis. Dejad que cada persona sea libre de elegir su alimentación, de seguir unas pautas y en serio, ya les contamos nosotros que una sola ingesta no va a condicionar el tratamiento nutricional que lleven (a excepción de alergias u otras patologías, que mira, aquí lo mismo sí), no hace falta que les reforcéis ese mensaje.

¿Mensajes que molan y se agradecen? Los de apoyo. Que una persona que tiene que hacer un esfuerzo para cambiar de hábitos (aumento de la actividad física, disminución del consumo de refrescos, alcohol, aumento del consumo de verduras, etc) se sienta apoyado es de lo mejor que le puede pasar para que el tratamiento y el cambio vayan más que bien 😀

Apoyarle con la actividad física (que por favor, pueda sacar un hueco para ella), el aumento del consumo de verduras y frutas global de la familia (en serio, que no va a pasar nada porque todo el mundo coma más verdura y fruta), el disminuir la presencia de dulces, chucherías en casa o en el trabajo, no introducir en el lista de la compra alimentos superfluos (patatas fritas, galletas saladas, etc) pueden hacer más por el paciente que las pautas que les demos nosotros. 

Así que si queréis que se cuiden…echadnos una mano…más apoyo y menos lecciones  😉

SUGAR, SUGAR EVERYWHERE

sugar everywhere

Buenos días de domingo, hoy no es día de escribir mucho aquí (que para eso es fin de semana), pero acabo de ver este vídeo sobre el azúcar gracias a una compañera (gracias Cris Bouzas) y creo que es más que interesante.

Vídeo

Echadle un vistacillo, son poco más de 3 minutos en los que se da una explicación al problema del consumo de azúcar en la sociedad occidental actual (elevado, muy elevado).

Para mí, el error principal, no está en la cucharadita (¡ojo! cucharadita, no 3 paladas) de azúcar en el café, ni en el consumo de plátanos, uvas o higos (tan endemonizados), si no en la adición sistemática de azúcar y otros edulcorantes (fructosa, jarabes, etc) a productos que antes no lo tenían o lo incorporaban en menor cantidad (léase yogures u otros lácteos, cereales de desayuno, etc) .

Acostumbrarnos a los sabores de los alimentos sin procesar y elegir esto de forma preferente hará mucho por nuestra salud. ¿Algunos ejemplos? No añadir azúcar a los zumos o frutas (fresas, naranja, etc), no utilizar kétchup para todo (niños que sólo comen pescado si se encuentra debajo de una capa de esta salsa), fijarse en el etiquetado de yogures y otros lácteos (muchos de ellos con más cantidad de azúcares añadidos que la mayoría de las frutas), o limitar la siempre y cada vez más presente bollería (y me refiero a la casera, la otra no debería estar presente en nuestra alimentación).

Para todos aquellos que piensen que esto sólo pasa en EEUU les invito a hacer memoria o preguntar a sus familiares más longevos (padres, abuelos) si antes se imaginaba una sociedad en España en la que la prevalencia de sobrepeso + obesidad rondase el 50% del total (podéis consultar datos aquí)

Como siempre, una buena planificación de la compra, dando prioridad a los alimentos menos procesados, nos puede ayudar mucho. Eso… y un poco de movimiento en el día a día 😉

movimiento